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La educación virtual: momento de cambios


Publicado el miércoles 06 mayo, 2020


Por: Mg. Enrique Elías Villanueva 
Docente de la Escuela Profesional de Ciencias de la Comunicación de la USMP 

En los últimos días hemos escuchado que el impacto de la crisis provocada por la pandemia del COVID-19 ha sido tan profundo que nuestras vidas ya no serán las de antes. La clave, por lo tanto, será entender que la educación debe transformarse, pero, sobre todo, es importante comprender que se trata de un cambio necesario, ya que no podemos aferrarnos al sistema al que estábamos acostumbrados.  

Frente al desarrollo de la industria, el comercio, el agro, la salud, el entretenimiento y muchas otras actividades, la forma de transmitir y adquirir el conocimiento también debía evolucionar. En tal sentido, la educación virtual es diferente y lo diferente muchas veces genera temor. La educación virtual se trata de una metodología de trabajo que desarrolla diversos programas y cursos en la modalidad no presencial, aprovechando las TIC´s y los soportes virtuales. A su vez, se refiere tanto a competencias como a habilidades de autoaprendizaje en docentes y alumnos en un proceso de formación y aprendizaje permanente. De acuerdo a esta metodología, los estudiantes acceden a través de internet desde diversos dispositivos fijos y/o móviles.  

Este es el momento de evidenciar nuestra capacidad de adaptación. Primero, los docentes han de entender que el uso de las TIC’s tiene que ser significativo e insertarse en el sistema educativo de manera integral para abarcar cada parte del proceso de enseñanza-aprendizaje. En las sesiones presenciales, la responsabilidad de explicar los contenidos recae básicamente en el docente, mientras que en la educación virtual la exposición magistral a través de una videoconferencia es una herramienta adicional que debe integrarse a otros recursos que orienten al alumno hacia la investigación y reflexión de los contenidos de la asignatura.  

Durante las clases online, el maestro se encarga de guiar al alumno a fin de que adquiera los conocimientos necesarios para su desempeño profesional. Asimismo, se convierte en un facilitador que indica el camino que ha de transitar el educando a través de plataformas interactivas, entornos colaborativos digitales y actividades en línea que permitan desarrollar los cronogramas de los cursos. A su vez, el estudiante debe adecuarse al nuevo contexto y ser consciente de que en esta etapa las exigencias serán mayores, ya que si bien fue el actor principal del proceso de enseñanza-aprendizaje tradicional, hoy la autoexigencia, la autoinstrucción y la disciplina son valores fundamentales y es ahí donde se pueden encontrar los mayores obstáculos.  

Además, no basta con evidenciar habilidades en el uso de las herramientas virtuales, pues los estudiantes deben trabajar en la gestión de sus emociones. En esta nueva metodología emplearán variados recursos proporcionados por el entorno digital que les brindará información valiosa así como la ejecución de actividades que le permitan consolidar el conocimiento y el desarrollo de las competencias básicas exigidas en cada asignatura. 

Por otra parte, las instituciones educativas y la comunidad deben valorar el esfuerzo y la exigencia de docentes y estudiantes. Los colegios y las universidades tienen que apoyar a sus docentes en este proceso de cambio a través de la creación de programas de capacitación que les permitan asumir estos retos, pero dicho proceso formativo no solo debe centrarse en el manejo de herramientas o en la adquisición de recursos tecnológicos, sino también en el aspecto humano, debido a que la rutina del docente va a sufrir un gran cambio.  

Finalmente, la comunidad debe preocuparse por ahondar en la importancia de la educación virtual antes de expresar quejas que no tienen sentido. Hemos escuchado a muchos padres de familia manifestar su disconformidad con el nuevo sistema sin entender que existe un cambio y que este es irreversible. Es lógico que se presenten dificultades, pero eso no significa que la calidad de la educación se vea afectada. Para ejemplificar esta afirmación se puede establecer una comparación simple: manejar una aspiradora puede exigir mayor esfuerzo y un conocimiento extra de quien opera la máquina frente al manejo de una escoba, pero, ¿cuál herramienta proporciona mejores resultados? 

Se puede partir del símil anterior para explicar lo que ocurre con la educación presencial tradicional frente a la educación virtual. Son otras habilidades y exigencias las que deben aprenderse y desarrollarse, pero las ventajas y los beneficios son innumerables y conocidos por el entorno académico: reducción de distancias, ahorro de tiempo, diversidad de recursos, acceso a bases de datos de todo el mundo, interacción permanente, interculturalidad y reducción de la brecha educativa, entre otros. 

En la medida en que vayamos comprendiendo mejor sus posibilidades y en tanto seamos más creativos en su aplicación, seguro iremos perdiendo el temor y descubriendo nuevas ventajas y beneficios. Es momento de adaptarse y dar el salto de calidad que la educación necesita.  

¡Amamos lo que hacemos, no nos detenemos! 

NW081 - ACE2020/OH               

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